Cumbres Borrascosas

"Busqué, y pronto descubrí, las tres lápidas en el declive próximo al páramo: la de en medio, gris y medio enterrada entre brezos. Solamente la de Edgar Linton armonizaba con el césped y el musgo que crecía al pie. La de Heathcliff estaba aún desnuda. Me demoré bajo aquel cielo benigno, contemplé las alevillas revoloteando entre brezos y campánulas, escuchando el rumor de la suave brisa entre el césped, y me preguntaba cómo nadie podía atribuir sueños inquietos a los que dormían bajo una tierra tan sosegada"

Emily Brontë. Cumbres borrascosas.

Llevaba tiempo queriendo leer este clásico de la literatura británica, y casualmente encontré un ejemplar curioseando en la Feria de Otoño del Libro Viejo y Antiguo que todos los años ponen en el Paseo de Recoletos de Madrid. Leí que el libro trataba de una historia de amor trágica, pero a mí me ha parecido que de lo que trata es de la obsesión y otros aspectos del lado oscuro de la naturaleza humana: el rencor, la venganza, la capacidad de infligir crueldad y manipular sin compasión.

A pesar de que la trama se desarrolla en un escenario muy reducido, que abarca apenas el espacio de dos casas separadas por menos de siete kilómetros, y con un grupo reducido y endogámico de personajes unidos por la pertenencia a una misma familia, la historia atrapa al lector de tal manera que es imposible dejarla. Las intrincadas relaciones entre los protagonistas, la maestría con que Brontë describe la maldad de Heathcliff y la menos patente aunque igualmente destructiva de su amada Catalina; la narración del devenir de tres generaciones y las terribles, imposibles relaciones que se establecen entre sus miembros; la presencia del azar como factor decisivo para la felicidad o la desgracia, la justicia o la injusticia; la idea de una cierta bondad genética capaz de resurgir cuando las condiciones se hacen propicias son sólo algunos de los aspectos que hacen del libro uno que merece la pena leer.

El texto tiene el mérito de atraer y mantener vivamente la atención a pesar de la sensación no del todo agradable que la exposición de la maldad, la opresión y la bajeza moral causan en el lector. El origen de todo está en el personaje principal, Heathcliff, un niño recogido de la calle y despreciado por sus hermanos adoptivos que crece para convertirse por pura venganza en el azote y fuente de las mayores desgracias tanto para la familia que le adopta como para sus descendientes. La autora deja entrever la idea de que el origen de esa maldad pueda estar no el trato recibido por Heathcliff en la calle primero y por su familia después, sino en su propia naturaleza. Lo hace introduciendo el personaje de Hareton que, habiendo nacido heredero legítimo es desposeído por Heathcliff no sólo de su patrimonio, sino hasta de sus derechos más elementales, como es el de la educación. A pesar de ello, cuando las circunstancias se muestran propicias, la nobleza innata de Hareton renace como una semilla que esperaba el momento adecuado para florecer, cosa que jamás le sucede a Heathcliff. Con este y el retrato de la debilidad de carácter que realiza de otros personajes como Linton, parece dejar clara la creencia de que la naturaleza de las personas acaba prevaleciendo sea cuales sean las circunstancias.

La obsesión es otro de los temas presentes en la novela, con el amor no consumado de Heathcliff por Catalina, cuyo recuerdo le sigue atormentando hasta lo irracional veinte años después de su muerte. Es esta parte de la narrativa la que hace que algunos la consideren una historia de amor, sin embargo yo la he entendido más bien como una forma de exponer el lado oscuro de la psicología humana, la incapacidad de sentir empatía, la obcecación en el recuerdo de la desgracia, la venganza y el rencor como bandera enarbolada en la vida destruyendo todo cuanto encuentra a su alrededor. En mi opinión, un libro apasionante y duro que vale la pena leer.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Soñar con Nunca Jamás

El Pasaje Matheu

Libros para un mundo mejor